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domingo, 10 de octubre de 2010

Antonio Martín-Viveros Tajuelo: “Hay que atreverse a todo en esta vida”


Nada mejor que sus palabras, bien jugadas, bien traídas y soñadas, para hablar de él. Porque Antonio Martín-Viveros, este herenciano de 28 años no es sino puro sentimiento, pero callado. Tan callado que necesita de su escritura para evitar una explosión interna de emoción. Y es la poesía su cauce, y de entre sus versos brotan manantiales de sensaciones. Antonio confiesa que es feliz, a pesar de todo, y por ese todo, en una de sus limpias, frescas y delicadas poesías. Y más fuerte, pese a su aspecto delicado. Y es su fuerza su palabra, y su propio arte, en mayúscula. Profesor de la Universidad Carlos III donde imparte clases de Historia Medieval y Técnicas de expresión oral y escrita, Martín-Viveros cultiva otras artes: música, pintura, además de la literatura. Un auténtico humanista en pleno siglo XXI. Acaba de publicar su tercer poemario, ‘Gracias por haber sido’, de la mano del Ayuntamiento de Herencia, que lo edita. Nos citamos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, ciudad en la que vive actualmente. No evade las cuestiones más espinosas o polémicas, clava los ojos, seguro de sí mismo, aun en sus dudas. Piensa, medita y abre su coraza, y expone sus convicciones, sin complejos.

¿Cómo te definirías?
Muy difícil. Humanista es una palabra que engloba todo, incluso algunas cosas en las que no me incluyo. Yo no me defino. No me gustan las etiquetas ni las clasificaciones y no quiero encasillarme en nada. En cuanto te defines, te limitas tú mismo. Me gusta jugar con varias disciplinas de las artes: la música, las letras, la pintura… No me considero pintor, pero en mis ratos libres me dedico a ello. Me apasionan las artes plásticas y la literatura.

¿Por qué la Historia Medieval?
Me gusta mucho la Historia en general, pero el medievo me parece apasionante y creo que, en líneas generales ha estado muy desoído por la Historiografía; muy pocos estudiosos se han dedicado a este periodo, en comparación con otros. Además no es una etapa histórica nada oscura, es interesantísima, en la Edad Media se desarrolla todo: desde música hasta lo que a mí me gusta y que he convertido en mi tema de estudio: la religiosidad laica.

¿No está la sociedad deshumanizada en el sentido más humanista?
Lo que pasa es que está fragmentada, más que deshumanizada. Estamos tan, tan especializados que nos olvidamos de lo demás. Desde la más temprana educación ya nos vamos seleccionando: ciencias o letras, étc… siendo que, al contrario, si todos los dedos, como si fueran hilos, se fueran trenzando, ninguno llegaría a romperse, los más fuertes reforzarían a los más débiles y se formarían cordones mucho más resistentes. Si a la hora de estudiar un periodo histórico, por ejemplo, una sola persona lo pudiera hacer desde múltiples puntos de vista: desde la pintura, historia, literatura, sociedad, economía… sería capaz de configurar una visión más amplia y rica que si se hace desde la simple especialidad de una disciplina particular. Nos van guiando hacia la especialización desde pequeños. Habría que rebelarse contra eso. Necesitamos personas que se atrevan a ello.

¿Cómo se consigue eso?
Es muy difícil. Aunque el referente sea, como dice Mario en el prólogo del libro, el Humanismo del Renacimiento, ellos tampoco dominaban todas las artes, pero, por el contrario a lo que ocurre actualmente, sí apostaban por esa visión más general.

¿Hay que tener una sensibilidad especial para escribir poesía?
Hay que tener sensibilidad. ¿Especial? No lo sé, porque poesía hay de todo tipo, incluso hay ruda y cruda que es muy buena. Hay que tener sensibilidad, valor y, sobre todo, lo que no hay que tener es miedo. El miedo es el peor enemigo no solo del poeta sino de cualquier escritor o persona que quiera hacer algo. Hay que atreverse a escribir, atreverse a sentir, atreverse a expresar. Hay que atreverse a todo en esta vida.

¿Por qué escribes poesía?
Porque la poesía es el mejor y más eficaz catalizador de mis sentimientos, ya que soy una persona tímida y no los expreso con la frecuencia que debería. Al tener tanta producción de sentimientos dentro tienes que buscar un cauce. Hay gente que eso lo consigue con la pintura, con la literatura novelesca, con la música… y yo lo hago con la poesía, desde muy pequeño.

¿Y qué necesitas expresar?
Todo. Se necesita expresar todo, por eso es necesario buscar esos cauces de expresión de sentimientos.

¿A la gente le interesa la poesía?
En general, no mucho. A los editores, no. La poesía no vende, pero yo no vivo de la poesía y por tanto no necesito venderla, lo cual es una ventaja. Yo escribo porque lo necesito y es un catalizador de mi propia vida. Esa poesía llega a un determinado círculo, que hoy en día es muy cerrado. Pero publicar poesía es prácticamente imposible. Vende otro tipo de literatura, pero no me dedico a ello, la leo, pero en la escritura de ese tipo de literatura más que jugar con la expresión y las palabras se necesitan unas condiciones que hoy por hoy no tengo.

La mayor parte de tu poesía es religiosa. ¿por qué te interesa tanto la religión?
Gran parte de mi poesía que se conoce es religiosa, más que nada porque los cauces de publicación de esa poesía han resultado más fáciles que el resto para darla a conocer. Pero no toda mi poesía es religiosa. La primera parte de ‘Gracias por haber sido’ y parte de la segunda, por ejemplo, recoge una poesía más intimista que conoce muy poca gente. Escribo poesía religiosa porque siento la religión como parte indivisible de mí, considero la fe como el motor de mi vida, vivo en esa sintonía.

Me da la sensación que hay más folclore que religión en determinadas manifestaciones religiosas públicas.
Prefiero llamarlo religiosidad popular. El folclore es otra cosa. Se trata de tradición y de un vínculo de convivencia colectiva muy fuerte. Hay dos posturas frente a ello: el que lo ve como algo ajeno, que puede llegar a pensar que se trata de una especie de locura frenética desatada alrededor de ciertas imágenes y manifestaciones religiosas; o la postura del que lo vive desde dentro, o está más receptivo a ello para poder comprenderlo. Cuando te encuentras con situaciones en las que la gente se encomienda por completo a Dios, en sus necesidades más apremiantes, a través de una imagen, se comprende… Porque la gente necesita a Dios. La gente cree. Otra cosa es que sigan los cauces establecidos o no, eso es otro debate, pero tengo claro que la fe verdadera no se impone, nace del corazón. Te encuentras con casos de personas que te cuentan sus historias, sus vivencias dentro de esta religiosidad popular, siempre desde el agradecimiento, y te das cuenta de que realmente hay algo grandísimo, que cuesta explicar con palabras. Y que no eres el único que siente lo mismo y que sentirte imbuido en esta manifestación colectiva de fe, tiene sentido.

Mucha gente quizás tenga ese sentimiento y sin embargo no cree en Dios.
No es cierto que no crean en Dios. Es una “malformación”, somos reacios, a veces, a reconocer las cosas. Es posible que no crean en los cauces oficiales, no es mi caso, ni en una Iglesia establecida de una cierta manera, pero tienen devoción, y posiblemente le recen a Dios mediante la imagen que les genera ese sentimiento, quizás no con el Avemaría o las oraciones establecidas en las estampas, pero sí hablándole y rezar es eso, hablar con confianza y con sinceridad, una comunicación con la divinidad.

Pero también hay mucha superstición mezclada, ¿no crees?
No creo que sea superstición. Lo que pasa es que hablamos, en ocasiones, de una religiosidad tan profunda que se incorpora a la cotidianidad. Te voy a poner un ejemplo en Herencia: el de “la Paz”. Un día la sorprendieron hablando con la Virgen de las Mercedes diciéndole: “Hermosa, mira a ver que yo no sé el tiempo que me queda de estar por aquí. Así que cuando llegue yo arriba dame corte que yo pará no quiero estar”. Y de la misma manera, en ese mismo camarín de la Virgen de las Mercedes, de cuya hermandad tengo el honor de ser presidente, te encuentras con situaciones similares. Muchas mujeres de nuestro pueblo se ponen ante la Virgen y le dicen “hijamía”. Llamar a la Madre “hija” es incorporarla a la vida de uno mismo y de tal manera que se siente como propia. Eso no es faltar al respeto, ni superstición, ni rozar blasfemia, ni nada, eso es amor, es ternura, es devoción y es tradición. El hacer la imagen tan tuya conlleva que cuando sea su fiesta se vaya a la procesión y se aplauda y se llore sintiéndola verdaderamente como algo tuyo, tan de la tierra o tan del cielo como tú mismo, como tu propia madre, tu propio padre o tus propios hermanos.

¿No tienes la sensación de quedarte solo dentro de la Iglesia dentro del rango de tu edad?
En absoluto. Te diré también que hay iglesias e iglesias, con minúsculas. Hay casos en los que las directrices de la pastoral están más atentas a las necesidades de la gente joven y en consonancia con ellos, y otros en los que no, y se limitan a seguir estrictamente “la ley”, el orden establecido, sin posibilidad de adaptación a los contextos concretos. Creo que en la medida en que se sea consciente de ello la Iglesia será de los jóvenes o, por el contrario, se les cortará definitivamente las alas.

La jerarquía católica transmite lejanía con su postura sobre muchos temas sociales
Estoy completamente de acuerdo contigo. Una institución con tantos años y con un aparato dogmático, teórico y de tradición tan voluminoso no se mueve con la ligereza de una institución nueva, pero no creo que se deba ir a contracorriente de la sociedad, la Iglesia acabará adaptándose a los tiempos y liderando su papel de ser sembradora de esperanza, de la esperanza de Cristo, y para eso vale cualquier tiempo. Somos muchos los que pensamos así. Como te decía antes, en la medida en que la Iglesia camine con la sociedad se verá la diferencia entre grupos de jóvenes dinámicos o parroquias vacías.

Has estado muy vinculado con la Semana Santa herenciana en los últimos años…
He pertenecido a la Junta Permanente de Hermandades durante varios años y desde ahí hemos intentado dinamizar la Semana Santa haciendo, por ejemplo, el libro guía que es, en su última edición, el mejor considerado de la provincia, incluso por delante del de Ciudad Real (que está declarada de Interés Turístico Nacional). Pero al final me he visto obligado a quedarme fuera, junto con otros compañeros, por determinadas acusaciones que ya se han demostrado falsas. Yo no tengo ningún problema en hablar y decir las cosas a las claras, además firmo todo lo que escribo y no me escondo de nada. Quiero muchísimo a la Semana Santa de Herencia y pienso que es una de las mejores que hay en nuestra Comunidad, teniendo en cuenta el volumen de Herencia. Tenemos los ingredientes claves para conseguir una declaración de Interés Turístico: mucha participación, una imaginería muy bien cuidada, unos desfiles procesionales elegantes y muy sobrios, y algunas características propias, como que cada hermandad tenga su propia banda.

¿Algún proyecto personal en mente?
Terminar mi tesis que trata sobre las cofradías en la Edad Media. Sobre el papel que tenemos que tener los laicos dentro de la Iglesia tiene mucho que decir la Edad Media. También hay un par de proyectos en proceso que no puedo hacer públicos todavía.

¿Cómo ves el panorama cultural de Herencia? ¿No tienes la sensación de que hay cierta apatía en este sentido?
No lo conozco demasiado porque no vivo en Herencia. Pero todo lo que se haga es poco, y lo poco o mucho que se haga siempre tiene que ser bienvenido. Hay que seguir trabajando porque hay que darle cauce a la cultura en todos los niveles, a través de la Sala de Exposiciones, de la recopilación de la Historia del pueblo, proyectos turísticos, clubes de lecturas, asociaciones, etc. No hay que dejar de hacerlo, no hay que dejar de llamar. Hay que hacer campaña cultural. No obligar a la cultura, pero sí animar a la cultura. Porque la gente no vaya a una obra de teatro, por ejemplo, no hay que dejar de programarla: en primer lugar en consideración a las veinte o treinta personas que vayan a ir a verla. Estamos acostumbrados a medir, a pesar y a considerara las cosas por el volumen. No es así. Algunas veces se requiere entender sobre algo para valorarlo, incluso para demandarlo, y no es elitismo, porque eso se consigue a fuerza de trabajo. No podemos pretender que se llene el auditorio para un acto cultural que quizás requiera unos ciertos conocimientos previos que hay que proporcionar, y si no se llena no podemos pensar que debería dejar de hacerse. La clave está ahí, en la cultura por la cultura misma.

jueves, 24 de junio de 2010

"La Libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos"


... Y continúa Don Quijote: "con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad así como por la honra se puede y debe aventurar la vida". La libertad. He ahí la gran cuestión. ¿Dónde empieza, dónde acaba? ¿Cómo se protege? ¿Qué es y qué no es libertad?

Se me viene a la cabeza estas disquisiciones a raíz del debate social habido en España, y en mi oficina, en los últimos días acerca de la prohibición que se ha aprobado del uso del burka en lugares oficiales. Bajo el pretexto de defender la dignidad de la mujer lo que se ha hecho ha sido prohibir el uso de tal prenda. Y digo yo ¿la solución es la prohibición? ¿llevar el burka implica una pérdida de dignidad humana? ¿Qué pasa si alguien quiere llevarlo por voluntad propia?

Creo que el debate está viciado desde sus primeras premisas. No creo que sea cierto que llevar burka implique, SIEMPRE, una imposición. Me parece que es algo más cultural. No digo que en ciertos casos haya una imposición, y por ende una degradación humana, pero no siempre. Partiendo de esta tesis, creo que no tiene sentido la prohibición ya que uno es libre de vestir como quiera. La libertad, querido Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos. Y sin embargo, esa libertad se nos cercena constantemente aquí y allá bajo las más variopintas excusas. Evidentemente siempre hay que evitar los abusos y proteger a los débiles. Las mujeres, desgraciadamente, suelen ser objeto de tales aberraciones, pero no por llevar burka. ¿Cuántas mujeres españolas no mueren al año a manos de sus maridos? Y no llevan burka. Luego entonces hay que focalizar las medidas de protección de otra forma: a través de organizaciones sociales, de programas educativos, de facilitar el acceso de la mujer oprimida a una salida digna... pero no mediante prohibiciones.

El uso del burka no es sino una excusa, una cortina de humo y, en última instancia, el miedo a lo desconocido o la ignorancia de otras costumbres. Imaginemos a alguien que no conoce nuestra tradición católica y aterriza en Sevilla en plena Semana Santa. ¿Qué pensaría de tantos hombres, mujeres y NIÑOS que salen a la calle cargados con un trozo de madera y tapados de pies a cabeza, tan solo con un par de orificios en los ojos para poder ver? ¿Y de los que se laceran públicamente? ¿Y de los empalaos que siempre salen en televisión? Todo esto lo vemos "normal" porque comprendemos esta cultura en la que estamos inmersos. Probablemente nada tenga que ver con la religión, sino precisamente con la cultura popular. Es posible que para mucha gente no sea comprensible, pero por no ser comprensible esto para muchos ¿debería prohibirse? ¿No es uno libre de lacerarse públicamente, o de taparse con las vestimentas de nazareno si así lo desea? ¿No habrá nadie que cuestione la voluntad de los niños a los que visten así de nazarenos? ¿Y qué hay de la mutilación de las niñas que nada más nacer se les perforan las orejas para colocarles un par de pendientes?

Lo que trato de resumir es que muchas manifestaciones públicas personales pueden no entenderse, pero no necesariamente son degradaciones humanas. Algunos casos puede que sí, pero no sistemáticamente. Quizás el aspecto cultural tiene algo que ver, y la voluntad personal de seguir las normas culturales quizás poco tenga que ver con la violación de derechos humanos. ¿por qué no hacer lo que uno libremente quiera, mientras no colisione con los derechos y libertades de otras personas? Es decir: ¿por qué no puedo utilizar burka, o corbata, o el traje de monja de clausura o de obispo o de nazareno, o de carnaval libremente, siempre y cuando uno quiera hacerlo? ¿a quién daña que uno vaya vestido así por la calle? Otra cosa son los gustos personales y las preferencias de cada cual, pero eso es harina de otro costal. Intentar que todos sigan unos parámetros obligatoriamente, cercenando las posiblidades que en nada afectan al resto de personas, es una violación de la libertad. Y ya sabemos que por ella "se puede aventurar la vida". ¿No estamos dando pie con estas polémicas prohibiciones, quizás, a que algún fanático quiera aventurar su vida para defender su "libertad"? ¿No haremos caldo de cultivo, con prohibiciones semejantes, para que los fundamentalistas enarbolen la bandera oportunista de la lucha de la defensa del Islam, por ejemplo, cuando en realidad se trata de asuntos culturales, bien distintos?

jueves, 17 de junio de 2010

LUIS CALLEJAS: "LA INMIGRACIÓN ES UNA NECESIDAD NO UN PROBLEMA"


Lo políticamente correcto está de moda y ciertos temas, como la inmigración y la religión, pueden resultar incómodos. En medio de una sociedad en la que individualidad de la persona prima sobre lo colectivo, justo en ese desierto de la intolerancia, la xenofobia y el racismo en el que a menudo nos estancamos, surge un oasis profundo: un chorro de agua fresca incontrolable, calmada pero incesante. Ese manantial se llama Luis Callejas, herenciano, fraile mercedario y, sobre todo, persona. Habla desde el sosiego y sin circunloquios, llamando a las cosas por su nombre, sin eufemismos ni palabras capciosas. Su estilo es directo, veraz, sin medias tintas, ni resquemores, ni reproches, sin la carga de presiones externas. Es un alma libre, y se nota. Abre su corazón con la misma facilidad que se abren las puertas de la Casa de Refugiados de Madrid donde trabaja. “Esto no es un trabajo sino una vocación. Si mi vivencia con los chavales lo convierto en un trabajo, a los dos días estoy quemado. En cambio al ser mi vida, pongo sobre la mesa todo lo que tengo. Vivo en una comunidad de tres religiosos con menores y jóvenes inmigrantes solicitantes de asilo. Pretendemos que esto sea una familia y lo hacemos compartiendo espacio, momentos de encuentro… todo. Compartimos ilusiones y miedos por el futuro pero también desgracias del pasado”.

Luis habla de proyectos en marcha, retos, obstáculos, pero siempre en plural. “Porque somos una gran familia que pretende hacer realidad las esperanzas de futuro de estos chavales”. Se refiere a los 46 jóvenes a los que la entidad religiosa da refugio en 6 centros en Madrid, pero también al equipo de 27 trabajadores y profesionales, entre piscólogos, abogados, trabajadores sociales, insertores sociales, o educadores de cada uno de los recursos residenciales, así como a un grupo de 35 voluntarios, que hacen posible esta misión. “Aquí llegan chavales que salen de su tierra, sobre todo del África subsahariana, dejando todo por cuestiones religiosas, políticas, étnicas. Nosotros les ofrecemos una integración en la nueva sociedad que encuentran. Los protegemos no para impedir que nadie se acerque a ellos sino para que superen las dificultades que han tenido en sus países y les sea posible iniciar un nuevo proyecto de vida. Pretendemos que puedan enfrentarse a la sociedad casi en igualdad de condiciones que otra personas (papeles y trabajo) y acceder al alquiler de una habitación”.

Aquí es donde pudiera surgir la duda: ¿qué es integración, dónde empieza la imposición o hasta qué punto es tolerable ciertas cosas por parte de la sociedad de acogida? “La integración pasa por la interacción. Aquí ponemos en la mesa no solo alimentos para consolar sus tristezas, sino también esperanzas; y compartimos nuestra cultura y religión. En vez de separarnos nos unimos ya que no prevalece el criterio del más fuerte sino del consenso, donde todo tiene cabida si se sabe plantear. No podemos imponer nada”. Conviene no olvidar que hablamos de personas. De seres humanos idénticos en casi todo, excepto quizás en drama real vivido. “En el fondo hay historias humanas trágicas. Normalmente son chavales que vienen con grandes problemas con trastornos psicológicos. Gestionar todo esto conlleva dedicación y a veces sinsabores porque es complicado hacer ver que es una realidad muy compleja. Nadamos a contracorriente porque los medios de comunicación venden la inmigración como un problema cuando debe ser, y en muchos casos lo es, una necesidad. Hace 3 o 4 años en España había una necesidad de mano de obra de baja cualificación. Ahora con la crisis económica se termina por atacar a los más débiles Y dentro de esa parte débil de la sociedad están los inmigrantes. Y de entre ellos, los débiles de los débiles son los que nosotros acogemos porque son inmigrantes menores sin acompañamiento familiar. Están solos”.

La Casa de Refugiados de La Merced se financia con fondos provenientes de las distintas Administraciones Públicas, fondos de las obras sociales de las cajas de ahorros, y aportaciones privadas, además de los recursos de la Orden de La Merced. En el contexto de crisis actual, la cierta dependencia a los recursos públicos conlleva una merma en la propia financiación del proyecto. “Se está notando el recorte en todo: en los fondos económicos y los plazos de las convocatorias. Pero trataremos de sacarle el máximo rendimiento. Nuestro propósito no es hacernos ricos. A día de hoy estamos inmersos en la creación de una empresa. ¿Una empresa en un momento de crisis? Pues sí: es una locura y no es una locura. Se trata de una empresa de inserción. Queremos montar una frutería y gestionar un bar. Esta iniciativa nos permite que haya chavales que puedan finalizar su proceso, y mediante esta empresa de inserción lo que se pretende es dar trabajo a aquellos jóvenes que están en riesgo de exclusión social. Gracias a ello se les facilita poder conseguir los papeles y estar en situación regular en España. Está previsto empezar en julio o agosto, depende de lo que tardemos con los trámites burocráticos”.

Burocracia. Cuando se persiguen unos fines justos y se interponen tantos obstáculos, esa palabra, esos trámites forzosos, suenan a latigazos en las carnes. Pero mayores son las bofetadas de los políticos, con sus intereses espúrios que laceran unos objetivos dignos y humanos. “La Comunidad de Madrid nos propuso firmar un acuerdo para que estos centros fueran no únicamente para inmigrantes. Nosotros somos una entidad muy dedicada a la inmigración y no estamos preparados para una intervención con chavales españoles. Esto puede resultar chocante pero es muy diferente trabajar con las espectativas, inquietudes e ilusiones de un inmigrante, que con las de un chaval español que parte de la ventaja de regularidad y cuya formación no está condicionada a tener o no trabajo. Nunca nos hemos cerrado a poder ayudar a españoles, y de hecho así lo hemos hecho con chavales del barrio con problemas de consumo de drogas. Pero entendimos que lo que pedía la Comunidad era una respuesta sí o sí, a una propuesta que en el fondo perseguía retirar del sistema de protección los centros específicos de ayuda al inmigrante. ¿El objetivo? Creemos que vender a los medios de comunicación que en Madrid no hay inmigración. Esto genera conflictos dentro de una misma idelogía política: por un lado la Comunidad de Madrid los echan a la calle y por otro no le queda más remedio al Ayuntamiento [también gobernado por el PP] que proporcionar recursos para atenderlos. En Madrid se está viendo a muchos chavales jóvenes viviendo en la calle, lo que conlleva un riesgo social increible. Por eso nosotros nos opusimos. No firmamos aquel acuerdo y no recibimos fondos de la Comunidad de Madrid para estos fines. Pero creemos que hicimos lo correcto porque mantenemos abiertos nuestros centros, no como otros que al final tuvieron que cerrar”.

Uno entra a la Casa de La Merced y recala en un remanso de paz. A tan solo unos metros de la populosa plaza de toros de las Ventas, donde los señoritos toman engominados sus vermuths y ging tonics a las cinco de la tarde y se abarrotan las barras desbordadas por platos de gambas y langostinos, aguarda paciente y con las puertas de par en par esta casa tranquila. Entran y salen chavales que saludan al desconocido, sin ningún problema. Destacan sus pieles oscuras, y sus sonrisas claras y blancas. Los pájaros ponen la melodía de fondo mientras uno se adentra en sus vidas sencillas, que comparten sabiéndose en casa. Luis presenta a sus amigos, grandes y pequeños, religiosos y legos. Y la imaginación intenta averiguar cómo se las ingenian para compaginar tanta diversidad. “Sin ningún problema. Con la mayor de las alegrías por poder compartir. Cuando llega la hora de comer se bendice. Y lo puede hacer un musulmán o un cristiano. Esta es la gran paradoja que tiene esta Casa. La experiencia nos ha demostrado que estos años de convivencia religiosa entre musulmanes y cristianos no nos aleja sino que nos acerca. Es bonito celebrar entre todos la fiesta del Ramadán, o la del cordero, o la Nochebuena, o Reyes. Nuestra Casa es una casa abierta a todo y a todos. Intentamos hacer visible a la sociedad que podemos vivir en un mismo techo. Somos personas y nos enriquecemos unos a otros”.

Sin embargo a la sociedad le cuesta entender eso. Supongo que aún hay muchos prejuicios y miedos. “Creo que poco a poco vamos evolucionando, pero queda un trabajo grande por delante. La primera vez que fui a Herencia con los chavales mi abuelo estaba temeroso. Desconfiaba de los chavales. Sospechaba que fueran a meterse a algún sitio para quitar algo. Mi sorpresa fue que al mes siguiente volvimos y mi abuelo tenía preparado en casa un gran banquete para ellos. Mi abuelo me decía muchas veces: es que me llaman abuelo y me sienteo como si fuesen mis nietos. Él nunca había tenido una experiencia de vivir con negros o musulmanes tan de cerca y sin embargo llegaba a entablar una relación estrecha con ellos. La clave es que no iba ya con ningún prejuicio. La sociedad tiene miedo a lo distinto, pero cuando lo conocen se dan cuenta de que han cometido un error. Somos humanos y lo primero que hacemos es mirar para atrás con desconfianza. Pero cuando se establece una relación, no hay problema”.

El 19 de junio es el día del Refugiado. Ese día Luis seguirá compartiendo su vida con el resto de la gran familia. Ese día se acercarán por la Casa muchos de los más de 500 jóvenes inmigrantes que han pasado por ella en estos 23 años. Ese día será una fiesta, sin duda, pero sobre todo será una auténtica concentración de humanidad, y de ejemplo. Allí nadie se mirará las pieles, ni sentirá la desconfianza de los acentos. Nadie reparará en las evidencias religiosas de unos u otros, porque todos estarán agradeciendo el trabajo, que no es trabajo sino vida pura, de Luis y su familia. Y demostrar que lo que allí se hace es extensible a cualquier otro sitio. “Porque nace de nosotros como personas el poder hacer que las cosas cambien”.

miércoles, 16 de junio de 2010

De velos, burkas y otras excusas


Aquellas tristes campanadas, hace poco lejanas, se acercan cada vez más, hasta nuestras cocinas. Aquellos ecos franceses, que trataban de la supuesta "libertad religiosa" y de la laicidad del Estado, han cruzado los Pirineos para instalarse de lleno en nuestra agenda política, y social. Primero fueron algunos Ayuntamientos catalanes, pero pronto la moda, o la peste, ha sido asumida incluso por el propio Gobierno central: se está estudiando la prohibición del uso del burka en ciertos lugares públicos.

Antes de alegrarme abiertamente por esta medida, de congratularme por las buenas intenciones de los bienhechores de estas iniciativas, y sumarme a la condena total del burka, me surgen algunas preguntas. Muchas:

¿Qué es lo que se pretende realmente con esta prohibición? ¿Por qué se va a prohibir el uso del burka dentro de algunos edificios públicos y no totalmente, porque sí podrán ir por la calle con él puesto? Siendo, como estamos, en una supuesta sociedad libre: ¿por qué no es posible ir completamente tapado? ¿o desnudo? ¿qué molesta más, que vaya la mujer completamente cubierta, o que ese hecho tenga connotaciones religiosas? ¿qué pasaría si en carnaval, o en cualquier fiesta de disfraces, voy completamente tapado? La defensa de la mujer, de su integridad, de su dignidad ¿pasa por la prohibición del uso de un burka obligatoriamente? Si esto es así: ¿por qué no se prohibe totalmente (incluso en la calle, o en el ámbito privado)? ¿Qué es lo que nos molesta realmente del burka aquí en España (no hablo de Afganistán donde probablemente el contexto social y político sea tan fuerte que realmente sea un yugo, una obligación)? ¿Prohibiendo el uso del burka en ciertos lugares se protege realmente a la mujer? ¿Es eficaz esta medida para "salvar" la dignidad de la mujer? ¿Es indigno llevar el burka? ¿Y si lo llevan porque realmente quieren y no por imposición? ¿No sería más lógico facilitar mecanismos de ayuda social a las mujeres musulmanas para que rompan su silencio y denuncien los abusos de sus maridos, al estilo de las mujeres (en general) que son maltratadas por sus parejas en España? ¿No sería más eficaz luchar contra la discriminación a partir de medidas de educación, de ayuda social, que mediante pomposas normas legislativas basadas en la prohibición?

¿Por qué nos empeñamos en buscar soluciones a problemas complejos a base de PROHIBICIÓN? ¿Es la prohibición, en general, la solución a todos los males?

No me gustan las modas populistas, no me gustan las medidas express ni rimbombantes que buscan acaparar titulares, no me gustan medidas simplistas ni represoras, ni fáciles. Pero sobre todo, no me gusta quedarme callado mientras la espiral del silencio crece y crece, a favor de los que no piensan más que en ellos mismos y en imponer sus pensamientos (mínimos y cortos de miras, en muchas ocasiones) a base de PROHIBICIONES. Y en cima, nos lo venden como el triunfo de la LIBERTAD.

sábado, 10 de octubre de 2009

Julián Martín Casado: “PINTAR ES UN HOMENAJE A LO QUE DIOS HA HECHO”



Para cualquier pintor europeo exponer su obra en Nueva York podría ser, como mínimo, motivo lógico de satisfacción. Más aún si se trata de una exposición que recoge a un grupo muy selecto de artistas bajo el rótulo “Los Mejores de la Acuarela Española”. Cualquiera podría airear a los cuatro vientos, y con orgullo, las medallas de reconocimiento que críticos nacionales y extranjeros le han dedicado por el buen hacer y el mérito de su propia creación. Sin embargo, Julián Martín Casado se sorprende cuando nos llegamos a él para entrevistarlo, para conocer a fondo su pintura y a él mismo, y acercarlos a su pueblo, al que nunca ha dejado en el olvido. “No merezco tanta atención” dice con una voz sincera, casi tímida, a la vez que sonríe al reconocer a un interlocutor de su tierra. La mirada melancólica lo delata. Siente cariño, y mucho, por La Mancha que le vio nacer hace ya ochenta y dos años. Una edad que, por cierto, pocos acertarían sabiendo que este acuarelista, mercedario y herenciano, o viceversa, aún pasea con habitualidad por las sierras de Madrid, ciudad donde vive actualmente, o por parajes que tan bien conoce y que cita con el cariño con el que se habla de un hijo: los molinos, el Frontón, o la Rendija. “Me encanta pasear por el campo. Voy siempre que puedo”. Y lo dice como todo cuanto asevera en nuestra conversación: sin pretensiones, sin el afán de impresionar. Así es la grandeza.

Y es que a menudo las cosas son grandes cuando son pequeñas. Principio de humildad. La Basílica Hispanoamericana de La Merced de Madrid es un edificio alto cuyo esplendor reside no en su tamaño sino en la sencillez: muros de cemento y hormigón desnudos y tan solo un gran Cristo Redentor, construido con despojos de un barco, en el ábside. Puro arte. Quizás el Arte llame al Arte, y la candidez a la candidez. El padre Julián me espera en la parte de la parroquia reservada a la vida monacal. Yo también soy de Herencia, le digo para ganármelo, a sabiendas de que es un hombre que le gusta mucho su pueblo. Siento su afabilidad en el apretón de manos y en el trato. Nos acompaña un viejo amigo, el padre Alejandro Fernández Barrajón, quien se ofrece a enseñarnos la casa, una casa muy austera, sin grandes abalorios aunque nada de mísera porque de aquí y allá cuelgan variados “julianes”. Las acuarelas se suceden por los pasillos y estancias. Abundan los motivos paisajísticos: marinas, llanuras manchegas, campos de aquí y allá, incluso de la imaginación; aunque también hay retratos de frailes. Maravilla su trazo tranquilo y los colores empleados. Transmite paz. “Qué suerte de vivir rodeado de tanta belleza”, me sale del alma. El padre Barrajón bromea con que le dan ganas de robarse alguno. Julián solo sonríe y calla.

Lo que sí habla por sí solo es el universo de Martín Casado. Su estudio es un espacio pequeño donde pinta, almacena sus obras terminadas (la última, me enseña, el retrato del nuevo Provincial), y duerme. Herencia está omnipresente: fotos de “La Hermosona”, un cartel anunciador, el último programa de la Feria, etc. “Yo es que quiero mucho al pueblo. Recuerdo mucho a las personas, a los amigos. Y el Ayuntamiento tiene a bien enviarme de vez en cuando cosas de allí”, dice mientras continúa enseñando su rincón privado. En el cabecero de su cama, un retrato de la hermana ya fallecida que también era mercedaria. “Desde el primer momento he conocido La Merced y los mercedarios. Íbamos al convento”. Siempre ha llevado muy dentro de su corazón la semilla de la fe y el amor por la advocación mariana de Nuestra Señora de Las Mercedes. Tan así fue que a los trece años dejó atrás el pueblo para seguir el camino que le marcaría de por vida: la llamada religiosa.

A los cinco años sus padres le regalaron unas acuarelas. No ha parado de pintar en todo este tiempo. ¿No le cansa?
No, no, no. He pintado eventualmente por encargos, por necesidad, pero sobre todo por afición. No es una carga para mí, ni ningún trabajo, sino una manera de expresarme. Yo soy religioso, no pintor.

Sin embargo, el también afamado y paisano don Agustín Úbeda dijo en alguna ocasión sobre usted: “pinta mejor que yo”.
Bueno sí, eso es cierto. Pero es una forma de recordar que éramos buenos amigos. Habíamos coincidido de pequeños en el colegio antes y después de la Guerra, y cuando vine destinado a Madrid, una de las primeras cosas que hice fue buscar la dirección de Agustín Úbeda, que ya había regresado de París.

¿Por qué trabaja sólo la acuarela?
Es cierto que básicamente hago acuarela aunque también pinté al óleo. Sin embargo era más problemático para mí por una cuestión de espacio. Yo no tengo un estudio, sino que pinto en mi habitación. Aunque también es cierto que siempre he sentido una mayor inclinación a la acuarela.

¿Por alguna razón especial?
Por la limpieza. El óleo siempre se puede corregir. En cambio la acuarela, aunque también se puede, por supuesto, es algo mucho más puro, más limpio.

Me da a mí que la acuarela le pasa lo que a la Zarzuela, que quizás sea considerado como el Género Chico, siempre superado por la Ópera, en este caso, el óleo…
No creo que sea así. Van Gogh pintaba al óleo, pero también pintaba acuarela y una acuarela de Van Gogh se subastó por todo lo alto. La acuarela es una técnica al agua de pintura. Puede tener tanto valor o más que un óleo. Eso depende de la calidad artística.

No hay duda. ¿Quién ha establecido los materiales más adecuados para crear el mejor arte? Al fin y al cabo el antecesor de la técnica de la acuarela en Europa se encuentra en el fresco, que también era una técnica rápida por cuanto debía aplicarse los pigmentos en un medio acuoso mientras el yeso permanecía húmedo. Y nadie duda del incalculable valor artístico y técnico del fresco de la Capilla Sixtina del gran Miguel Ángel a principios del siglo XVI.

¿Se siente realizado como pintor?
Bueno (piensa, suspira, sonríe, responde): sí. Aunque al fin y al cabo mi dedicación a la pintura ha sido una afición. No he visto en eso lo esencial ni mucho menos. Porque lo mío es la orden religiosa y ministerial.

¿Es que no se puede acaso, a través de la pintura, lleva a cabo esa labor religiosa y ministerial de la que habla?
Sí, sí, sí que se puede. De alguna manera se puede hacer. Simplemente llevar la belleza de la naturaleza, o de la humanidad en general, al cuadro es como una cooperación a la obra creadora de Dios. Un homenaje a lo que Dios ha hecho. Por tanto, una pintura que refleje simplemente la naturaleza puede ser considerada perfectamente una expresión religiosa, dependiendo de uno mismo, aunque el tema parezca que no sea directamente religioso. La actitud de uno es importante. Cada cosa que hagamos tiene que ser la expresión de algo que se lleva dentro. Mis acuarelas tienen algo de ese mensaje: un mensaje filosófico, o racional o razonado, pero que expresa algo. La reproducción de la naturaleza es un ejemplo, aunque también tengo otras pinturas más relacionadas directamente con el hecho religioso, aunque esas las tengo más reservadas.


¿Qué le falta por pintar?
Eso no se acaba nunca. Nunca se consigue terminar. Muchas veces me he puesto delante del papel sin pensar. Y he empezado. Lo que pintaba me iba sugiriendo cosas y se completaba la obra. Recordando siempre hay algo dentro de uno mismo porque cuando paseo o voy en el tren, o estoy en la calle, voy pintando mentalmente. No me supone ningún esfuerzo. Asimilo la realidad y posteriormente la recreo yo. Observo y algo de lo que veo se me queda dentro y puedo reproducirlo en cualquier momento, sin tener un proyecto determinado o exacto. Las cosas se me quedan en mi mente, de alguna forma las retengo y, cuando menos me lo espero, las utilizo.

¿Se siente suficientemente reconocido?
Eso no me preocupa mucho, aunque soy humano y, como todo el mundo, tengo mis puntos débiles. Los premios y reconocimientos evidentemente halagan y pueden contrariar a alguno, pero no le daría yo mucha importancia a eso. Pero claro, soy humano y sensible como cualquier persona.

Menos mal. Porque después de un rato de conversación con Martín Casado pudiera pensarse que se habla con un simple aficionado a la pintura, con el padre Julián. Y quizás no sea del todo erróneo. O quizás ambas cosas sean ciertas. No obstante, que un “aficionado” forme parte y reciba primeros premios de la Agrupación Española de Acuarelistas de Madrid, haya expuesto por todo el territorio nacional, Estados Unidos y México, da muchas pistas de la importancia de sus acuarelas. “Lo de Nueva York fue una exposición colectiva de los acuarelistas algo más señalados de España. Nos propusieron exponer allí, pero ya digo que fue algo colectivo”.Y lo dice de corazón. No es falsa modestia, eso se nota.

Para un hombre que tiene especial sensibilidad a lo que pasa a su alrededor y está constantemente observando su entorno, ¿qué diferencias encuentra entre la España de hoy en día y la de tu infancia?
(Por enésima vez vuelve a regalar una tímida sonrisa afable, quizás su mejor arma defensiva que le da un tiempo para pensar). Desde el punto de vista del arte, y de la naturaleza incluso, me parece que estábamos mejor antes. Las personas en cierto punto están mejor ahora: hay más medios, se vive mejor y todo eso. Pero no sé, parece que hemos perdido también mucho de lo bueno que había anteriormente, si bien es cierto que siempre ha habido estas quejas. De la juventud siempre se ha hablado… Eso ya lo decían cuando yo era joven. Los mayores ya rememoraban tiempos pasados como mejores épocas. Pasa siempre.

¿Qué es aquello de lo que se siente más orgulloso en su vida?
Lo más hermoso que he vivido, sin duda, han sido los siete años que pasé en la Casa de Refugiados de Madrid. Yo ayudé a fundarla y ahí trabajé con menores de edad que llegaban a España y se encontraban desamparados. Valió mucho la pena y lo recuerdo con especial cariño.

Se despide. En un rato tiene que celebrar una misa. Es su misión, su vocación, su vida. Pequeñas cosas que delatan la grandeza de un espíritu creyente y artista. De nuevo un apretón de manos, el último vistazo a algunos cuadros suyos que retengo en la memoria como un tesoro y un hasta luego dibujado en su cara risueña. Me alejo del gris de la Basílica y me adentro en las arterias del metro de Madrid. Sus palabras aún me resuenan y, sobre todo, esas imágenes tan elegantes y bellas. Pienso que quizás Martín Casado, el padre Julián, quizás no sea sino una alegoría de su propia obra: un trazo limpio en un papel de acuarela inmaculado. O casi.